“MAMÁ, TRÁIGAME LA MEDICINA…”

“MAMÁ, TRÁIGAME LA MEDICINA…”
Por El Perro Amarillo

Muy desafortunada la historia de Yasser Amir Cuéllar Fuentes: un estudiante de medicina que se contagió de Covid-19 cuando realizaba su práctica en funciones de prevención social médica en el Centro de Salud Calpules. Murió este 14 de febrero.

Mamá, tráigame la medicina que no me la han aplicado”.

Esta es su historia que, a la vez, es la historia de todos los que no tenemos acceso al más básico de los derechos humanos: acceso a salud de calidad y garantizada. Yasser Amir Cuéllar trabajó solo bajo la protección de su inmaculada bata blanca y con todas las ganas de salvar vidas. A cambio se contagió y cuando necesitó de apoyo médico, fue rechazado por no tener un carnet que lo acreditara como afiliado del Instituto de Hondureño de  Seguridad  Social - IHSS. Tampoco pudo ser atendido en el hospital Leonardo Martínez, un hospital público donde solo hay un médico intensivista, en plena pandemia, el resto son médicos generales. Finalmente, Yasser fue recluido en el hospital Mario Catarino Rivas, donde 4 médicos y 6 enfermeras no se daban abasto para atender a los 57 pacientes de Covid-19 que se encontraban recluidos también en dicho centro.

La madre de Yasser, Nidia Fuentes, responsabiliza a las autoridades gubernamentales ya que son los encargados de velar por la salud y la recuperación de los pacientes… pensaría uno que mucho más al tratarse de uno de los suyos.

Además de cumplir con su labor social en el Centro de Salud Calpules, Yasser también trabajaba en un Centro Asistencial en Paz Barahona. En ambos centros, el personal expuso su malestar por la negligencia gubernamental al no dotarlos con equipos de bioseguridad adecuados.

“Mamá, no me están atendiendo, no me están dando medicamento, pero no diga nada porque van a agarrar represalias contra mí”.

Aunque Nidia nos cuenta que siempre llevó los medicamentos que le pedían en el hospital, Yasser le envió este mensaje cuando aún se encontraba en el hospital Mario Catarino Rivas, donde fue trasladado luego de dos intentos fallidos de reclusión en otros centros de salud que, en teoría, podrían haber prestado una mejor atención médica.

Todo empezó el 29 de enero. Yasser Amir Cuéllar comenzó a presentar los síntomas clásicos del virus. Una Tomografía Axial Computarizada (TAC) reveló que ya tenía comprometidos los pulmones, a pesar de que respiraba bien. A las pocas horas la situación se complicó cuando comenzó a faltarle el oxígeno.

Yasser conocía perfectamente los síntomas de la enfermedad. Cuando se presentaron los primeros malestares físicos, se realizó una prueba en el triaje de Expocentro. Supuestamente los resultados estarían listos en días. Diez días en esta lucha contra reloj se convierten en negligencia. Y para Nidia Fuentes este retraso fue crítico pues los resultados positivos fueron recibidos después que Yasser ya estaba hospitalizado en el Mario Catarino Rivas.

“Mamá, si de aquí al lunes yo no mejoro, sáqueme de aquí”.

Yasser fue trasladado el domingo 7 de febrero al hospital Leonardo Martínez, ahí le sugirieron que el paciente fuera llevado al IHSS, pero allá tampoco lo quisieron recibir pues Yasser no tenía carnet de afiliación ya que todavía era estudiante.

Irónicamente, luego de su muerte, salió un comunicado de la Secretaría de Salud que señala que “todo médico residente, médico en servicio social o estudiante que lo necesite, puede ser atendido por el Instituto Hondureño de Salud Social”. Tristemente Yasser tuvo que morir para que pudieran aprobar una atención decente y legítima para los profesionales de la medicina, que todavía está por recibirse.

Pero hay algo más que agregar a esta cruel historia. Algo indescriptiblemente repulsivo:  presuntamente, la Universidad Nacional Autónoma del Valle de Sula hizo firmar a todos los estudiantes de medicina un documento donde la institución quedaba exonerada de responsabilidad ante cualquier situación que se le presentara al personal por trabajar sin los equipos de bioseguridad requeridos. Nidia, la madre de Yasser, nos cuenta que ella no sabe si su hijo lo firmó, pero rechaza el documento pues nadie en su sano juicio va a firmar algo que lo perjudique.

La muerte del joven Yasser deja al descubierto las insostenibles condiciones de la atención sanitaria en Honduras: realmente no existe, casi toda está privatizada. La salud pública no cuenta ni con dotación de equipos de protección personal y los llamados hospitales móviles resultaron una estafa. La madre de Yasser nos reitera que se trata de una situación indignante, tanto por su propio hijo como por la cantidad de personas que perdieron la vida y que se pudieron haber salvado si en el país se aplicara una verdadera política de salud pública.

¿Quién es responsable? ¿El Estado por haber permitido el deterioro de la salud pública? ¿El personal de salud que se contagia al ser obligado a trabajar sin protección? ¿Quién?

No basta rezar...