AGOSTO 8, 2020

La organización Alianza para la Paz, censuró este artículo. La ONG trabaja en Honduras, El Salvador, Guatemala y Colombia, y extendió una invitación a Katia Lara para escribir sobre Berta Cáceres, «a propósito del tema género y construcción de paz» que abordarían en su revista. Hoy, El Perro Amarillo publica el texto escrito en enero de 2019.

«Haber enfrentado en estas batallas, todos los poderes que puedan imaginarse, y seguir vivos, vivas, firmes, es un gran logro para la sociedad hondureña, para la historia de este país, para la dignidad». Entrevista a Berta Cáceres por Katia Lara, desde la ribera del río Gualcarque, 1 de abril de 2014 .


Me pregunto si la compañera Berta, asediada por militares, judicializada, víctima de una obscena campaña de odio, amenazada de muerte, habría aceptado escribir sobre «construcción de paz y transformación pacífica de conflictos». ¿Cuánto le ha costado a los empobrecidos la Paz de los corruptos? En septiembre de 2013, Berta Cáceres se declaró perseguida política y prisionera de conciencia, luego que una jueza le dictara auto de formal prisión por los delitos de usurpación, coacción y daños continuados en perjuicio de la empresa Desarrollos Energéticos S.A., DESA, propiedad de tres miembros de la poderosa familia Atala Sablah, y un militar egresado de la academia Westpoint de Estado Unidos de Norteamérica. La comunidad Lenca, liderada por Berta, había logrado detener el proyecto de la represa que DESA comenzó a construir en 2013 sobre el río Gualcarque. Ellos, los invasores, acusaron al pueblo Lenca de usurpar su propio territorio ancestral. Ellos, los de los «proyectos de muerte», pagaron jueces para condenar a Berta por coaccionar y dañar. Como decía la compañera Cáceres, «son malditos porque producen maldad.»

El 1 de marzo de 2016, me reuní con Berta, junto a Milton Benítez, para planear un rodaje más en el río Gualcarque e invitarla al Foro Estelar que dirigía Milton (en aquel momento en Canal 13, de Tegucigalpa), al día siguiente Berta fue asesinada. Mataron al personaje del documental en el que estábamos trabajando. Conservo el cuaderno donde escribimos sus indicaciones sobre los intereses que estaban conspirando en su contra. Cada palabra de Berta, aquel día, nos compromete a llevar adelante la historia que hemos titulado Berta Soy Yo, un largometraje que será estrenado este año en Honduras, un relato construido para explicar el patrón de corrupción denunciado por Berta, de la mano de Milton Benítez, personaje del filme. Los contratos irregulares entre la empresa DESA y la Empresa Nacional de Energía Eléctrica, y los permisos sin consulta previa y estudio ambiental concedidos a DESA por la Secretaría de Recursos Naturales para instalar la represa Agua Zarca en el río Gualcarque. ¿Qué mató a Berta? nos preguntamos.

Berta, la guerrera, interpuso más de 30 denuncias de amenaza de muerte y señaló a los dueños de DESA. Sin embargo, no quiso exiliarse, nunca abandonó el territorio lenca, su familia, su río, su comunidad. El 2 de marzo de 2016, le hicieron cuatro disparos, la mataron en su propia casa en La Esperanza, su ciudad natal. Los autores intelectuales jamás imaginaron el alcance internacional del eco iracundo que trajo su vil asesinato. En cada aniversario, el Estado y la «justicia» hondureña se obligan a publicar un avance sobre el asesinato, tan dudoso como todo el proceso judicial, plagado de irregularidades. Siete autores materiales han sido condenados, y la Misión contra la Corrupción y la Impunidad en Honduras, MACCIH-OEA [1], asumió el caso de las denuncias de corrupción que hiciera Berta Cáceres, e investigó a DESA por los delitos de abuso de autoridad, fraude y lavado de activos; hasta que maduró el pacto entre Juan Hernández y Luis Almagro para desterrar a la misión. Otro rimero de papales engabetados, junto al informe de Almudena Bernabeu, abogada internacional contratada por la MACCIH para llevar el caso-Berta.

La familia Atala dueños de DESA, no han sido citados ni mencionados por el Ministerio Público, solo el militar David Castillo está esperando condena acusado de la autoría intelectual. La familia de Berta y el COPINH [2] no hablan aún de Paz, apenas ajustan su capacidad de transformar el dolor y la indignación en fuerza para continuar la lucha en medio de tanta vulnerabilidad.

¿Qué habría dicho una guerrera sobre construcción de Paz? Berta dedicó su vida a la construcción del poder popular, conoció la riqueza de los pueblos indígenas caminando, fusil al lomo, junto a la guerrilla salvadoreña durante la ofensiva militar del Frente Farabundo Martí para la Liberación Nacional, FMLN, en 1989. De adolescente conoció el dolor que da vida, en el rostro de las mujeres que su madre atendió cuando trabajaba como partera en las aldeas lencas. Berta conoció el dolor profundo en la pérdida de sus compañeros y compañeras de lucha. Berta Cáceres le declaró la guerra al patriarcado, al imperialismo, al capitalismo y al racismo. Esas fueron sus banderas de lucha.

Escuchen ustedes la voz de Berta: «El 15 de julio la comunidad estaba haciendo una acción de control territorial y un plantón enfrente del plantel de la empresa DESA, Desarrollos Energéticos; y Sinohydro estaba en ese momento. Ese día la comunidad expulsó a Sinohydro, ese fue su último día que estuvo aquí en La Tejera (comunidad Lenca).Ahora están otras empresas, una que se llama Copreca, las alemanas Voith Hydro y Siemens; un banco europeo que es peor que una transnacional, el Fondo Europeo de los Países Bajos FMO, un banco que su política ha sido racista, de desprecio, queriendo desprestigiar al COPINH, la lucha del pueblo Lenca. Y, bueno, en eso estamos, seguimos en esta batalla. Cerramos con broche de oro esta celebración del COPINH, de sus 21 años, y que existir ya es un logro para el COPINH, y haber enfrentado en estas batallas todos los poderes que puedan imaginarse y seguir vivos, vivas, firmes, es un gran logro para la sociedad hondureña, para la historia de este país, para la dignidad.»

En más de veinte años de conocerle, nunca hablamos de Paz, mucho menos de esa ahuecada forma que promueve la cooperación. El 21 de octubre de 2017 dos mujeres, premios Nobel de la Paz visitaron Honduras para exigir justicia por el homicidio de «la ambientalista» Berta Cáceres; Shirin Ebadi (Irán, Nobel 2003) y Tawakkol Karma, (Yemen, Nobel 2008). Me pregunto si esa visita logró alguna incidencia para resolver el conflicto entre las empresas y las comunidades indígenas amenazadas por los proyectos extractivos transnacionales en Honduras. Con Berta Cáceres platicamos más de una vez sobre el papel nefasto de la cooperación internacional para el desarrollo que, por un lado «acompaña» las luchas de los sectores sociales y, al mismo tiempo, valida la Narco-dictadura, hoy señalada por el pueblo y por la Corte del Distrito Sur de Nueva York, que en octubre del año pasado, condenó por narcotráfico a Juan Antonio Hernández Alvarado, hermano del presidente narcousurpador de Honduras, Juan Orlando Hernández Alvarado.

En Honduras no hay Paz porque la injusticia prevalece, porque la familia Atala, dueños de DESA, y sus socios internacionales, tienen poder para comprar impunidad aquí, en Honduras, y en el mundo. En estas Honduras habrá Paz, en los términos en que el COPINH asume la lucha que nos heredó Berta Cáceres, cuando se cree una comisión internacional de investigadores independientes que garanticen un proceso transparente y fiable. Habrá Paz para el pueblo Lenca cuando se cancelen, de forma definitiva, las concesiones y la operación de los proyectos hidroeléctricos, mineros y extractivos transnacionales, cuando termine la criminalización y el hostigamiento hacia los miembros del COPINH, cuando se expulse a los militares del ejército «nacional» del territorio y se disuelvan los escuadrones de la muerte. Entonces habrá Paz para Berta Cáceres y esperanza para su pueblo Lenca que «tiene más de 500 años de lucha y aún sigue guerreando». Así me dijo la compañera Berta, lo van a ver pronto en el documental.


[1] Un mes antes del asesinato de Berta Cáceres, en febrero de 2016, se instaló en Honduras la Misión Contra la Corrupción y la Impunidad en Honduras, de la Organización de Estados Americanos (MACCIH-OEA).

[2] Berta Cáceres es co-fundadora, en 1993, del Consejo Cívico de Organizaciones Populares e Indígenas de Honduras (COPINH).

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