AGOSTO 13, 2020

Dicen que el vocablo democracia tiene su origen en dos palabras del idioma griego, estas son “demos” que significa pueblo y “kratos” que quiere decir autoridad o poder. Y según lo que nos dicen a diario y por lo que luchan aquellos con posibilidades de llegar a obtener los beneficios del poder, “en nuestro país vivimos en democracia, que no quepa duda”.

Los griegos con el fin de calmar las revueltas del pueblo pensaron que lo que convenía era consultarle para cada asunto de Estado; pero a lo mejor en aquellos tiempos ocurrió lo mismo que está pasando en nuestro tiempo: el pueblo solo sirve para delegar el poder en alguien que a la larga lo que puede hacer es complicarle la vida en vez de traerle beneficios.

Aquello de, “el poder del pueblo”, es otra gran mentira. El pueblo nunca ejerce el poder, este solo se utiliza para que otro lo alcance. Pero los políticos tanto en la antigua Grecia como en la Honduras contemporánea, siempre dijeron y dicen ahora que, el soberano es quien decide.

¿Cuál soberano? ¿Cuál poder del soberano? ¿Cuál poder del pueblo? En el tiempo que llevo haciendo uso de razón y escuchando este tipo de mentira, el poder no lo ejerce el pueblo. El poder lo ejerce: el Señor Presidente, el Jefe de Estado, El Rey, La reina, el Primer Ministro, el Papa, y el Congreso que aprueba o desaprueba lo que se le antoja al partido en el poder, allí quien decide es el presidente y los “honorables” diputados, llamados “padres y madres” de la patria, levantan la mano y ya, y si estos no lo hacen, el secretario dice: ¿suficientemente discutido? ¿Se aprueba? ¡Queda aprobado!

La redacción de la Constitución por parte de los diputados, es otra mentira. Tanto la Constitución de la República como muchas de las leyes que nos rigen, no son redactadas en su totalidad por los diputados, a veces el texto les llega desde afuera y ellos solo aprueban lo que otros les envían.

A pesar de que muchos aducen que los cambios a ciertos artículos de la actual Constitución solo es posible si se le consulta al pueblo ya que es allí donde radica el poder; pero a pesar de vivir emitiendo constantemente esta expresión, no están de acuerdo con hacer la consulta al que ellos llaman “el soberano”. ¿Cuál será el temor? O será terror.

El pueblo solo ejerce su poder cuando las acciones de quien le gobierna llegan a los extremos, es allí cuando otro interesado fuera de los que ejercen el poder aprovecha para lograr sus propósitos, y, si la revuelta es sangrienta, quien pone los muertos es siempre el pueblo.

Cuando el pueblo se decide, aun luchando por el bien de otros, no espera decisiones del poder constituido, y no es el ejército quien lo va a detener. Ejemplos claros del verdadero poder del pueblo lo han vivido algunos personajes que han gobernado a su antojo algunos países. Casos como el de Francia cuando una fría primavera destruyó los cultivos, aquello fue suficiente motivo para que el pueblo decidiera deshacerse de sus gobernantes, cuatro meses fueron suficientes para que los reyes supieran quien era el soberano y fue tanta la ira del pueblo que, ni a los monarcas les anduvieron con lástima; los enviaron a la guillotina.

No está mal recordar que, cuando el pueblo francés empezaba con las revueltas, María Antonieta la reina, le preguntó a uno de sus ministros que era lo que quería la gente, y él le contestó: es que no tienen pan; entonces ella dijo: y por qué no comen pastel. Siempre les ha ocurrido lo mismo a los que han gobernado países en donde la pobreza es importante, se encierran en una burbuja de comodidades; y no es que piensan que el pueblo vive en las mismas condiciones que ellos, simplemente es que, no le dan importancia a la forma en que vive “el soberano”.

Dicen que los que no leen la historia están condenados a repetirla. En Honduras ya días los que gobiernan se vienen burlando de “el soberano” y los políticos piensan que este pueblo les soportará por siempre. Y mientras tanto, ellos siguen heredando a su descendencia todo lo que concierne al Estado. Nuestros políticos todavía no se han dado cuenta por qué nuestros compatriotas migran hacia otros países, sometiéndose a los peligros que el viaje involucra; quienes para empezar lo hacen hasta sin dinero para alimentarse mientras realizan la travesía, esto va con los que migran hacia Norte América. Últimamente los que se atreven a migrar y al ver que hacia los Estados Unidos las condiciones se vuelven cada vez más difíciles, empujados por la necesidad hasta venden lo poco que tienen de valor o adquieren deudas para costearse el viaje hacia Europa. Así es que “el soberano” ya no quiere ejercer el poder en su tierra, prefiere ir a servir casi de esclavo a los soberanos de otros países.

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