JULIO 31, 2020

¿Qué está pasando con la Narco-dictadura? ¿Hacia dónde va?

La fortaleza del régimen de Juan Orlando Hernández (JOH) es aparente, no real, y precisamente por su debilidad urge de algunos cambios internos para sobrevivir. Las siguientes son algunas claves que nos permiten comprenderlo en sus dos dimensiones principales: la política y la económica.

JOH está siendo relevado del control del régimen

Poco antes de la pandemia el régimen dictatorial que surgió del Golpe de Estado fue liderado personalmente por JOH, a quien muy pocos osaban discreparle. Desde que fue Presidente del Congreso Nacional y luego gobernante, JOH mantenía totalmente el control, haciéndose un solo nudo con sus aliados. Su imagen de todo poderoso se acrecentó en esos años. Eso comenzó a cambiar con las revueltas populares de 2017 y 2019, que minaron su imagen de invulnerabilidad. En el último año, poco antes de la pandemia, su estatus empeoró, tanto por la grave situación económica del país, como por el avance de los juicios de la Corte del Distrito Sur de New York, donde el proceso se reorientó apuntando directamente a él, lo que depara al dictadorzuelo un escenario de persecución judicial a mediano plazo. Para empeorar las cosas, su padrino externo, Donald Trump, no la tiene fácil para reelegirse en noviembre de este año, siendo lo más probable que, a menos que algo extraordinario suceda en Estados Unidos, en menos de cuatro meses JOH se quedaría sin respaldo del gobierno gringo, acusado por la justicia norteamericana. Debido a lo anterior, cada vez menos sectores confían en su futuro.

Un fuerte sector de empresarios aglutinados en la Cámara de Comercio e Industria de Cortés - CCIC y la Asociación Nacional de Industriales – ANDI, fueron los primeros en desmarcarse hartos de tres años consecutivos de recesión económica. Posteriormente, JOH comenzó a ser abandonado por su aliado estratégico, el ala florista del Partido Liberal, quienes en noviembre del año pasado votaron contra la posibilidad de su reelección en el Consejo Nacional Electoral - CNE, en alianza con LIBRE. Otros sectores también comenzaron a abandonarlo; medios de comunicación, iglesia católica, liderazgos políticos de los partidos pequeños, entre otros. Unos pocos siguieron apoyándolo.

A raíz de la pandemia, este proceso de deserciones se contuvo unos meses, pero la descomunal corrupción exhibida por el régimen en medio de esta tragedia humana, terminó por acelerar ese desgaste. Desde entonces han venido desertando en cascada otras ONG, iglesias, empresarios (como el Consejo Hondureño de la Empresa Privada - COHEP) incluso corrientes políticas dentro del Partido Nacional (alianza Oliva-Álvarez) que el año pasado eran capaces de “lamer los pies a JOH”, por no citar algo más gráfico. Incluso es sintomático que la Embajada gringa continúe sin nombrar embajador(a) y, en un movimiento poco usual, evacuara gran parte de su personal del país argumentando la pandemia.

JOH ya dio todo lo que tenía que dar al imperio. Les dio todo lo que le pidieron; presencia militar, pactos con el Fondo Monetario Internacional - FMI, Convenio de contención de migrantes, hasta entregó a sus propios correligionarios a las Cortes de New York. Ahora es un aliado incómodo que trae al sistema solo inestabilidad. Si algo sostiene a JOH en el poder es que el gobierno norteamericano no desea un cambio abrupto que motive al Pueblo a la rebelión en Honduras. Si sacan esa pieza del juego bruscamente, el Pueblo querrá llenar el vacío con la opción de su preferencia, y no es eso lo que quieren los gringos. Ellos desean un cambio bajo sus términos, no bajo los términos del Pueblo. Pero tienen un problema: aún no cuentan con un relevo confiable y prefieren mantener las apariencias; el relevo en el proceso electoral. En esas circunstancias aplican una estrategia de transición en la que JOH declina progresivamente su presencia y tiene una salida “suave” en noviembre de 2021; mientras el bipartidismo se pone de acuerdo en una opción potable para el Departamento de Estado gringo. En este marco, le viene al dedillo la división de la oposición y los mecanismos fraudulentos que desde ya comienza a imponer.

Esta estrategia incluye que el vacío político que aquel va dejando sea llenado poco a poco por los militares. Es decir que estaríamos en un momento de silencioso relevo del mando de JOH hacia las Fuerzas Armadas, sin que signifique la finalización de la dictadura. Eso explica muchas cosas: explica la “enfermedad” de JOH y las ausencias de piezas claves de su “gobierno” (las cabezas de la Corte Suprema, el Ministerio Publico, el Congreso Nacional, que se declaran enfermos o en cuarentena). Explica que JOH, a pesar de su enfermedad, no haya delegado el poder en un(a) Designado(a) Presidencial, y a la vez, que sea el General Tito Livio Moreno, Jefe del Estado Mayor Conjunto de las Fuerzas Armadas; y el ministro de la Presidencia, Ebal Diaz, quienes aparezcan “representándolo”, en comparecencias que antes JOH protagonizaba.

Sin embargo, una cosa son los deseos y otra los hechos. El próximo proceso electoral está previsto hasta en noviembre de 2021, dentro de año y medio, mientras que la brutalidad de la actual crisis sanitaria y económica es muy profunda y amenaza ponerse peor. En otras palabras, puede que no les ajuste el tiempo para ello y la situación se les salga de las manos.

La burocracia y la burguesía comienzan a desesperarse

La declinación política de la dictadura desestabiliza la moral de sus aliados. La burocracia y la burguesía que se ha recostado en JOH, sienten ahora incertidumbre. Pero el motivo no solo es político, sino también económico. La crisis de confianza en el futuro de JOH se da al mismo tiempo que se forman nubarrones de una gran crisis económica en el capitalismo mundial, que promete golpear duro al capitalismo en Honduras. De hecho, ya está comenzando a manifestarse esa crisis a nivel del gasto gubernamental, cuyos fondos están en rojo. La situación es grave. Debido a la recesión mundial y nacional, así como a los robos y desvíos de fondos, las finanzas públicas se encuentran a centímetros de la bancarrota, con lo cual a corto plazo el Estado podría paralizarse pues los fondos no alcanzan ni para pagar planillas.

Por si esto fuera poco, los organismos internacionales de financiamiento prevén que el crecimiento de la economía hondureña caerá a valores negativos a fines de este año, sin posibilidad de que las remesas salven el sistema, como ha sido hasta el momento. El 21 de julio, el economista Edwin Araque pronosticaba en Radio Globo que los ingresos fiscales caerán al fin del año en un 20%, las remesas en un 25% y la inversión privada en un 50%. En poco tiempo el país se hundirá en un abismo fiscal; todos los burócratas y burgueses lo saben y eso comienza a desesperarlos.

Los burócratas allegados al dictador han visto la crisis sanitaria como una tabla de salvación en medio de la crisis económica y en consecuencia se han dedicado a robar y acumular a más no poder, hasta dejar exprimidas las finanzas públicas. El escándalo de los hospitales móviles es solo una muestra de eso. En pocos meses, estos bárbaros se han engullido casi cien mil millones de lempiras solo en corrupción.

Por su lado, la burguesía hace lo propio: arreció su presión para la “reapertura de la economía”, logrando el retorno a la llamada “Fase 1” a partir del lunes 3 de agosto, en el momento que sobrepasamos los 40,000 contagios oficiales, en condiciones de masivas violaciones de los derechos laborales de sus trabajadores.

Pero los más salvajes son los empresarios extractivistas, muchos de los cuales son líderes de bandas del crimen organizado. Estos han dado muestras de acelerar la extracción de riqueza forestal, minera o territorial durante los meses de pandemia, en despojo de las comunidades, aún a costa de asesinar a líderes comunitarios que les hacen resistencia. Por eso hemos visto en estos meses una depredación inmensa de bosques, así como terribles masacres contra quienes se interponen en su camino, como las frecuentes matanzas de tolupanes en Yoro y en Laguna de Agua, departamento de Yoro; los asesinatos y secuestros de líderes garífunas en la costa atlántica; o el asesinato de ambientalistas en la zona sur; entre otros casos.

Esta conducta de la burocracia y de la burguesía, si bien no son nuevas, no se habían dado a esta escala en el pasado, y todo se debe a la falta de confianza en el futuro del régimen político y económico así como a una actitud de incertidumbre de la que es presa la clase dominante.

*Espere mañana parte II

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