Fredy Nasser, empresario hondureño de origen árabe, constituyó Grupo Terra en 1978. La empresa inició como constructora e inmobiliaria y, al calor de la emergencia energética de 1994, incursionó en la generación de energía. Desde entonces, y durante 26 años, Nasser ha tenido como cliente al Estado. Las empresas hidroeléctricas y térmicas de Grupo Terra han crecido de forma tan aparatosa como irregular. De proyecto en proyecto, Nasser ha suscrito millonarios contratos leoninos con el Estado, que le aseguran el usufructo de infraestructura nacional, exoneraciones, incentivos y condonación de deudas. Solamente esos niveles de corrupción solapada, explican cómo Fredy Nasser ha expandido su emporio de energía y comercialización de petróleo en nueve países de Latinoamérica.

Con base en semejantes privilegios, a costa del Estado y del pueblo, Nasser pasó rápidamente de empresario energético a banquero internacional. En 2016, la Superintendencia del Sistema Financiero (SSF) de El Salvador, aprobó para Grupo Terra (a través de su empresa Inversiones Imperia El Salvador) la compra de acciones de CITIBANK S.A. y Seguros e Inversiones, S.A. (SISA). La operación incluyó la marca Banco Cuscatlán de El Salvador, S.A.; nombre de la entidad antes de determinarse en bancarrota y ser adquirida por la corporación estadounidense en 2008.

En enero de este año, Fredy Nasser compró las acciones del banco canadiense Scotiabank - El Salvador, y muy oportunamente "como una nueva medida de apoyo a sus clientes ante la actual coyuntura de cuarentena", Nasser fusionó rápidamente las dos instituciones financieras: Scotiabank y Cuscatlán. El nuevo binomio es parte del conglomerado financiero Imperia Intercontinental (del Grupo Terra), y a su vez el Banco Cuscatlán supera los 3,800 mil millones de dólares en activos y se consolida como la entidad financiera de mayor crecimiento en El Salvador, y la principal compañía de seguros en Centroamérica.

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