AGOSTO 14, 2020

¿Por qué quiere cancelar su cuenta?, preguntó la jovencita detrás del vidrio, con el rostro cubierto con una mascarilla barata, - porque FICOHSA lava activos, -le dije. En modo automático, la joven volteó a ver su monitor, movió el mouse y levantó la mirada para buscar en el sistema desplegado en la pantalla. – Pero… es que esa opción… sus ojitos se movían de un lado a otro. - Permítame, voy a consultar.

Dejó el banco por un minuto y volvió con otra joven. Ahora dos miradas bajo seños fruncidos convergían sobre el monitor y susurraban volteándome a ver con cierto disimulo. Las alivié con otra pregunta - ¿Qué opciones ofrece el sistema? La joven que me atendió al inicio comenzó a leer: - agencia lejos del domicilio, viaje fuera del país, no utiliza la… Me parece que un pellizco de la otra le obligó a callarse.

Sin nada que lo advirtiese, quedé sola frente al vidrio.

Regresó sólo la otra, la pellizcona - ¿Por qué quiere cancelar la cuenta?, espetó, en un extraño borrón y cuenta nueva.  Porque este banco lava activos, repetí. Dentro de un breve silencio, ella miró primero al monitor y luego a mí: ¿Para quién?, se animó a pronunciar, en su tono más bajito - ¡Para el narcotráfico!, afirmé (hasta oídos de los clientes que ya estaban sobre el chisme). -Otro breve silencio… Pero señora, esa opción no la tenemos... ¡Francamente no podría decirles si la muchacha hablaba o no en serio!

- Entonces dígame qué opciones ofrece el sistema, le dije, intentando no reírme… Quiso bajar el tono, pero no lo logró: -No puedo responderle, a la otra la amonestaron por darle a usted esa información-.

- ¿Entonces cómo hago para cerrar la cuenta? No obstante mi tono normal, ahora yo sí estaba hablando en serio, lo que la obligó a ella también. - ¿Nunca más va a utilizar la cuenta? Insistió, a través de la ranura lateral que estos usureros han dejado en las ventanillas para evitar el contagio.

- ¿Puedo hablar con la gerencia? Dije, como respuesta. La niña me señaló al fondo, que son como siete metros en esa oficina con lámparas de falso cristal en el techo.

La nueva joven, en la defensa del equipo de FICOHSA, se interpuso para evitar que yo avanzara hasta la posición de la gerente (a quien no pude ver), resguardada en una esquina que, con dos canceles, completa un espacio de 3 x 3 metros al que llaman “oficina de la gerencia”, más parecido a un set barato de telenovela.

Subí de categoría; esta tercera joven me ofreció asiento frente a un escritorio, en un cubículo. - ¿En qué puedo ayudarle?, la gerente no puede recibirla. Resumí el cuento con las dos chicas de la ventanilla de caja y pronto patinábamos sobre el mismo círculo vicioso. Se tiró hacia atrás en su sillón, para aparentar seguridad. -Señora, el banco no lava activos, tiene que elegir otra opción-, dijeron un par de ojos ínfimos por encima de una mascarilla de mejor calidad.  –  Entonces ¿quiere que mienta? dígame ¿qué mentiras tiene en el menú? Intentó abrir los ojos – No es ético inducir la respuesta, lo dijo convencida de poner fin al intercambio Ustedes inducen la respuesta al obligarme a elegir una opción del sistema, y lo peor es que ahora no me ofrecen ni el menú. Ella volvió con su guion- ¿Qué quiere hacer con el dinero? ¿Cuánto tiene en la cuenta? Cuando pronuncié - Como 120 lempiras, ella logró, ahora sí, abrir sendos ojos – Dígame la verdad ¿porqué quiere cancelar su cuenta?

Eran más de las cuatro de la tarde y la agencia principal de FICOHSA había cerrado sus puertas al público. Esta tercera señorita me urgía una respuesta con la mirada puesta en su lonchera, y un rabillo en el reloj, ansiosa por dejar de escuchar a esta loca (yo) que le estaba robando tiempo valioso para volver a su casa, al encuentro cotidiano con los problemas de su familia amenazada por el Covid-19. Sentí pena por ella, sometida por el látigo invisible de la funcionalidad, e intenté figurar el mejor y más simple resumen de tanta corrupción financiera en Honduras.

Estaba por comenzar cuando ella atacó - ¿Qué está apuntando? La joven me había prestado una hoja de papel en blanco y una imitación barata de pluma con la marca “FICHOSA” estampada en plateado, - No estoy anotando nada, respondí mientras doblaba la hoja de papel para ocultar los garabatos, y comencé por algo que pudiera serle familiar. Le expliqué que en el caso de corrupción del Instituto Hondureño de Seguridad Social se han probado las articulaciones ilícitas que incluyen a banco FICOHSA, Atlántida, Lafise y Continental; que ahí los bancos entraron como intermediarios financieros de las transacciones entre el IHSS y las empresas Sistemas Abiertos S.A. y Distribuidora Metropolitana S. A. – Dimesa, del empresario energético Schukry Kafie, quien estafó al Estado y es uno de los principales accionistas de banco FICOHSA.

Ella había retirado la mirada del papel, supongo que intentaba descifrar la edad en los rasgos de la parte de mi rostro descubierto por la mascarilla. Le conté que entre 2015 y 2016, como producto de la filtración de una información conocida como los “Panamá Papers”, FICOHSA fue multado en Panamá por 60 mil y 90 mil dólares por infrigir la ley contra el blanqueo de capitales. También le expliqué que Camilo Atala, presidente de FICOHSA, permitió que (la banda de) Los Cachiros ingresaran en este banco los dineros del narcotráfico. Iba a decir lo de los 600 millones para el equipamiento e infraestructra de Puerto Cortés con un offshoreen Bermudas, pero seguí con Camilo Atala, que también es empresario térmico y vende energía al Estado. Le dije que ella paga un cachimbo de luz porque el contrato para la recuperación de pérdidas de la ENEE, faculta a FICOHSA para elegir las empresas y se metieron en sociedad con un tal William Vélez Sierra, señalado por lavado de activos en Colombia, y que FICOHSA lleva por lo menos 6 años administrando más de ¡358 mil millones de dólares! con un contrato por 30 años y ¡nunca reducen ni mierda!... Que toda esa familia es corrupta, Javier Atala, el presidente ejecutivo de esta empresa, solo en 2018, recibió 242 millones de lempiras como incentivos por proyectos de energía y nosotras –usted y yo-, sufriendo por pagar el recibo mensual de la luz.

Yo estaba encarrilada cuando interrumpió una cuarta jovencita – Ay señora, vuelva a la caja y dígales que quiere cerrar la cuenta porque se va del país-. La vocecita me hizo recordar porqué había llegado a esa guarida de ladrones, me levanté y le agradecí el consejo. En la caja había vuelto la joven que me recibió al inicio. Viendo directamente hacia su mouse, inquirió: ¿Qué le dijeron?  - Nada, le dije, ― que regrese a caja. Entonces, como si nada, preguntó de nuevo; y yo, con la lección aprendida, respondí asertiva – Cierro la cuenta porque me voy del país-.

No me lo van a creer: cuando la niña volvió a examinar el monitor me dijo – Mejor le voy a poner este… De nuevo tuve que aguantarme la risa, no fuera a ser mal interpretado el gesto, ahora que estábamos llegando al final. De pronto se acercó la cuarta chica, la que me aconsejó la mentira del viaje. – ¿Usted se llevó la pluma, señora? Yo tenía en mis manos ese horrible objeto y sólo pude decir - ¿Me lo regala? ¿O se la van a cobrar a su jefa? La niña sonrió por compromiso y se dirigió al fondo bajo la mirada del guardia en su espalda…

Cuando el trámite concluyó, la joven me entregó un papelito azul que dice CANCELACIÓN DE CUENTA, más abajo VALOR CANCELADO: ****121.16*** y luego, MOTIVO: NO UTILIZA LA CUENTA, finalmente me extendió dos hojas impresas con el movimiento de la cuenta de El Perro Amarillo en los últimos cuatro meses, y sonrió para decir, esta vez con un especial tono automático:

– Que le vaya bien señora, espero que haya disfrutado su experiencia en FICOHSA.

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