Modelo neoliberal nos convierte en mercancía

Después del golpe de Estado de 2009, los gobiernos de turno a cargo del Partido Nacional trazaron la precarización laboral como una política prioritaria de Estado, aplicando las recomendaciones de los organismos financieros internacionales, las transnacionales y los dueños de las principales empresas, maquilas y bancos del país.

Así, en el gobierno de Pepe Lobo y siendo Juan Hernández presidente del Congreso Nacional, se aprobó mediante Decreto 230-2010, el Programa Nacional de Empleo por Hora de manera “temporal", aduciendo que la ley era de gran beneficio para la población económicamente activa porque los trabajadores podían llegar a tener hasta tres trabajos de manera simultánea.

Cuatro años después, (2014), a través del Decreto 354-2013, el congreso aprobó de manera permanente la funesta Ley de Empleo por Hora a pesar de las protestas de los trabajadores organizados; quienes advirtieron el detrimento de las principales conquistas laborales obtenidas a partir de la gloriosa huelga bananera de 1954, como: la estabilidad laboral, la jornada de 8 horas, prestaciones laborales, pago de vacaciones, pago del décimo y el cuarto mes de salario, la seguridad social y la libre sindicalización. Además, esta ley desplaza a las personas con empleos permanentes que, una vez precarizados hacia el salario que reciben por hora, no les ajusta para cubrir el costo de la canasta básica.

Las consecuencias de estas recetas neoliberales, elaboradas en el extranjero y aplicadas al pie de letra en nuestro país por los narco gobernantes han sido desastrosas: la pobreza es mayor y golpea a más del 70% de la población; la concentración de la riqueza en pocas manos (oligarquía-civil-militar); desmantelamiento del Estado Nación por una dictadura-narco-oligárquica-militar que controla todos los poderes del Estado, los medios corporativos de comunicación, las cúpulas de las iglesias y la sociedad civil; estancamiento y retroceso de la economía; militarización de la sociedad; privatizaciones; apertura al capital extranjero y concesiones de los bienes comunes de la Madre Tierra (extractivismo).

La lista sigue: venta del territorio nacional (ZEDES); migraciones particularmente hacia los Estados Unidos, Panamá y España; incremento exponencial de la deuda externa; alta tasa de criminalidad y feminicidios, tráfico de drogas, armas y personas; corrupción y el robo descarado de los fondos públicos, particularmente en las áreas de salud, recursos naturales y educación; bajos salarios; desempleo y despidos (masacres) laborales, etc.

Y como si esto fuera poco, en el mes de diciembre del año pasado, en la ciudad de Wuhan, República Popular de China, estalló un brote de la enfermedad infecciosa denominada Covid-19, declarada como pandemia global por la OMS y que ya infectó a más de 60 mil hondureños (cifras oficiales). (Aun no hay cura ni vacuna contra el Covid-19, a pesar de los esfuerzos de la ciencia y la tecnología).

El 13 de marzo, el Congreso Nacional aprobó en un solo debate utilizando su mayoría mecánica partidista, la Ley Especial de Aceleración Económica y Protección Social para hacerle frente a la pandemia del Covid-19 (construcción de hospitales), otorgándole al Narco-Gobierno 420 millones de dólares, aproximadamente unos 10 mil millones de lempiras.

Y continuaron otorgándose más recursos, hacia el 31 de mayo, habían sido aprobados más de 18 mil 300 millones de lempiras, más el recorte del 10% de los presupuestos de todas las instituciones del gobierno y una deducción al salario de los empleados públicos. No obstante, los empleados de la salud continúan comprando sus propios insumos de bioseguridad y los hospitales están vacíos de medicamentos y equipo médico, la pregunta generalizada es, ¿dónde está el dinero?

Mientras tanto, miles de trabajadores que laboran en las franquicias de comida rápida (INTUR) han sido suspendidos sin salarios por 3 meses, lo mismo ocurre con los trabajadores de las maquilas; han sido despedidos sin ningún derecho laboral y se encuentran en zozobra los empleados públicos, a quienes les dicen que están en la lista negra y que se irán “lisos”, es decir, sin prestaciones. Y qué decir de los millones de compatriotas que se ganan la vida diariamente a través de las diversas actividades de la economía informal, desde la mujer que vende bolsas con agua o recoge latas y botes plásticos hasta los micro empresarios.

El Covid-19 ha venido a desnudar la esencia deshumanizada y cruel del neoliberalismo, las personas se la juegan diariamente entre la disyuntiva de salir a la calle sin más: comer o morir.

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