JULIO 28, 2020

La comunidad de hondureños en Estados Unidos describe como “una medida riesgosa y desafortunada” la acción de mudar el Consulado de Honduras en Nueva Orleans, al edificio 1250 Poydras Street, donde funcionan las oficinas del Servicio de Inmigración y Control de Aduanas de Estados Unidos – ICE (por sus siglas en inglés). Nada más contradictorio, la medida solo puede llevar angustia a nuestros compatriotas, al favorecer la casería de migrantes y generar una nueva oleada de separaciones familiares.

En la cuestionada decisión, llevada a cabo el 19 de julio, participan los desacreditados “presidente” hondureño Juan Hernández, y el Secretario de Relaciones Exteriores de Honduras, Lisandro Rosales; además de la Cónsul de Honduras en Nueva Orleans, Gloria Alvarado. Esta última hizo efectivo el traslado, a solo unos pasos del temido centro de detención, bajo el torpe pretexto de la negativa de los arrendatarios del antiguo local (One Canal Place), quienes, aparentemente, se opusieron a renovar el contrato.

Según las leyes estadounidenses nadie puede ser detenido dentro de las oficinas consulares, sin embargo, los migrantes temen que la representación diplomática se convierta en señuelo para las deportaciones. Bajo la política migratoria de Donald Trump, el ICE ha utilizado deplorables estrategias para establecer vigilancia, seguimiento y detención a los migrantes indocumentados, que hoy continúan exigiendo la instalación del consulado lejos del ojo inquisidor de ICE.

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