El Perro

Las mil caras de un periodista que solo tiene una palabra. No cabe duda que Milton Benítez es un tipo versátil, multifacético, polifuncional. Escuchar al sociólogo dueño de las tardes y noches, a El Perro de las redes informáticas es un agasajo al oído, claro, siempre y cuando usted no sea apretado, y casto de tímpano, porque lo que se viene cuando usted sintoniza a El Perro Amarillo llega aderezado con el lenguaje del pueblo, el folclor a flor de labio.

Y es que, aunque Milton es un tipo con un carácter profesional intachable, una ética inamovible, ha sufrido una metamorfosis, al menos su presentación ante su público. Si bien el formato del programa no ha presentado grandes cambios desde su comienzo hasta ahora con entrevistas importantes de personajes en el candelero nacional y que son noticias en el momento, la mayoría de los programas se desarrollan como monólogos y aquellos que somos fieles a sus transmisiones nos hemos dado cuenta que no cualquiera puede seguirle el ritmo a Benítez, la fluidez de presentación no carece de un léxico importante y cuando el invitado maneja la elocuencia y su nivel de intelecto es alto, los programas son excelsos.

Pero igual Milton es del pueblo y su periodismo es para el pueblo, por lo que aquellos que llegan al foro hablando un lenguaje coloquial igual se sienten arropados por el ambiente de su equipo de trabajo y la sencillez de su interlocutor.

No en vano su programa es la elección cantada por aquellos que tienen una verdad que contar contra la Narco-Dictadura. Solamente hay que subrayar algo, a ningún invitado se le lleva para ser chineado, ni para sobarle la leva, porque Milton no alaba o trata de agradar a una persona con el objetivo de conseguir un favor o un beneficio, su público merece respeto y siempre será la prioridad.

En un programa donde al político ladrón se le llama hijueputa sin miramientos, y a los que fomentan la miseria como condición de vida se les llena de improperios, no hay espacio para los sensibles, ni para aquellos de doble moral.

Si usted tiene escrúpulos, o prefiere el periodismo light, ni siquiera haga el intento de escuchar o ver a El Perro Amarillo.

No hay piedad para los sátrapas vendedores de la fe, como no hay condescendencia para aquellos líderes que enarbolan la bandera de la oposición y que se lucen en otros medios con su retórica estéril y su prostitución demagógica, pero que con sus actos predican una apología digna del mismo Judas.

El programa no tiene publicidad gubernamental, ni tampoco aquellas empresas que se pliegan al sistema tienen un espacio en El Perro Amarillo, lo que nos permite un programa rico en verdades, y sin cadenas que coarten la libre expresión y que interfieran con la libertad del periodista a hacer un análisis crítico de la realidad nuestra y de verter su siempre acertada opinión.

De los dichos de la guanaca (su madre) Milton pasó a los pasos de baile, a “rapear”, al sombrero de Bogart y a entrar al área del humor sin ir en detrimento de su profesionalismo.

Milton presenta mil caras y diez mil ademanes y gestos, pero téngalo por seguro, ¡ES UN HOMBRE DE UNA SOLA PALABRA!

Mientras la dictadura cree que Milton tiene “miero”, él demuestra que es ¡LINDO SER HONESTO Y QUE LA VERDAD NO SE PUEDE QUERELLAR!

Fragmento de la transmisión en vivo de El Perro Amarillo TV, 18 de septiembre de 2020.
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